Se cumplen hoy cinco años sin Eduardo Galeano

A cinco años de la muerte de Eduardo Galeano, desde La Mirilla lo recordamos evocando su vida, su obra  y compartiendo uno de los tantos relatos que nos dejó como legado. Dueño de una pluma intachable, el escritor uruguayo afirmó que “la función del escritor consiste en ayudar a mirar”. Y así fue. Su narrativa nos hace reflexionar sobre el poder, el imperialismo, la sociedad de consumo, la injusticia, el racismo, el machismo y fundamentalmente sobre  los acontecimientos históricos  de América latina.

Repasando su biografía podemos decir que Eduardo Germán Hughes Galeano nació en Montevideo el 3 de septiembre de 1940 en el seno de una familia de clase alta y católica de ascendencia italiana, española, galesa y alemán. Que pudo convertirse en un Picasso rioplatense cuando empezó a garabatear dibujos en la adolescencia. Que sus primeras caricaturas las publicó en El Sol, un semanario socialista de Uruguay, con el seudónimo de Gius. Que en los años 60 se metió de lleno en el mundo periodístico y fue jefe de redacción del semanario Marcha,  una de las publicaciones de mayor prestigio en Uruguay  y refugio de intelectuales de los años sesenta (tuvo como colaboradores, entre otros, a Mario Vargas Llosa y a Mario Benedetti).

Podemos agregar que luego, Galeano fue director del diario Época. Que tenía 31 años cuando publicó Las venas abiertas de América Latina (1971), un texto que encarnó la educación sentimental y política de varias generaciones, un clásico de la izquierda latinoamericana por el cual fue censurado por las dictaduras uruguayas, chilena y argentina.  Que entre sus obras figuran Vagamundo y otros relatos (1973), Memoria del fuego (1982), El libro de los abrazos (1989), Las palabras andantes (1993), Patas arriba. La escuela del mundo al revés (1998), Espejos. Una historia casi universal (2008) y Los hijos de los días (2012). Que tras su muerte aparecieron otros dos trabajos: Mujeres, una antología que había preparado con textos publicados  en libros de los años 70, 80, 90 y la primera década del 2000 y que salió en simultáneo con la primera marcha convocada bajo la consigna Ni una menos, en junio de 2015; y El cazador de historias, que apareció en 2016, y en el cual continuó buceando en la importancia de las mujeres en ciertas comunidades consideradas “bárbaras”.

Debemos mencionar que la dictadura uruguaya lo encarceló primero y después lo obligó a exiliarse en Buenos Aires, donde dirigió la revista Crisis, entre 1973 y 1976. Que como su nombre figuraba en las listas negras de la dictadura  cívico-militar, se exilió en Cataluña, donde escribió Días y noches de amor y de guerra, una crónica rigurosa del horror político de las dictaduras, que obtuvo el Premio Casa de las Américas en 1978.

Y podríamos mencionar muchas cosas más  sobre la vida y la obra del escritor que insiste en que “la grandeza humana está en las cosas chiquitas, que se hace cotidianamente, día a día, la que hacen los anónimos sin saber que la hacen”. Pero preferimos compartir un relato, uno de los tantos que nos dejó este narrador clave de la literatura latinoamericana.  

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