LA ESCUELA INTERCULTURAL DE TURISMO MBYA GUARANI YA ES UNA REALIDAD

Los guaraníes están cerca de un hecho histórico: se convertirán en los primeros guías aborígenes en el Parque Nacional Iguazú. Los que ya estudian cómo atender a los turistas son de la parcialidad mbyá-guaraní, tan indómita que nunca pudo ser dominada por los conquistadores ni reducida por los jesuitas. Aprenden lo teórico en la escuela que ellos mismos levantaron en la aldea Yriapú y realizan las prácticas en esa reserva de 265 hectáreas, ubicada sobre la margen izquierda del Río Iguazú. Allí viven 44 familias que suman 300 personas. La Escuela Intercultural de Turismo Mbyá Guaraní es parte del proyecto Mate (Modelo Argentino para Turismo y Empleo) y tiene financiamiento de la Agencia Canadiense de Desarrollo Internacional, del Niágara College de Canadá y del ITEC, un terciario público misionero. El Parque Nacional Iguazú también participa: su personal dicta módulos que ayudan a los guías interculturales a contactarse con el turista. El director del parque, Daniel Crosta, y el guardaparque Daniel Fernández contaron que la actividad también forma parte del Proyecto Araucaria, un trabajo en conjunto con los habitantes de estas dos aldeas y las de Guapoy y Kaaguy Porá, que suman otros 300 aborígenes. El sendero de interpretación —que inventaron los habitantes de la aldea guaraní— tiene unos 500 metros de largo y llega hasta la orilla del Iguazú. En Yriapú viven 300 personas y otras 1.000 en la aldea Mbororé, pegada a Iguazú, que ocupa 224 hectáreas recostadas sobre el Paraná. Juntas suman casi el 25 % de los 5.000 guaraníes que sobreviven en lo que queda de la selva paranense en Misiones.

 Hasta ahora el «negocio» turístico dentro de Yriapú lo hacen «los operadores blancos», quienes incluyen el contacto con los aborígenes dentro de su oferta de excursiones. Lo que ofrecen los guaraníes es muy distinto. «Queremos que nos visiten, no que vengan a mirarnos», dicen. Además, los futuros guías reciben clases de sus «opyguás» o jefes espirituales. Ellos les han dado permiso para que les cuenten a los blancos algunos de sus secretos ancestrales, guardados bajo las mil y una llaves de la selva.

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