De mates, coronavirus y otras yerbas…

Nada que identifique más nuestra “argentinidad” que la costumbre de tomar mate. Dulce, amargo, con yuyos, fuertes, lavados como “vengan”, son la excusa para encontrarse, la costumbre familiar que se hereda y acompaña siempre, los infaltables compañeros de viajes. El mate es para los argentinos un “símbolo nacional”, un ícono de nuestra tradición. Es además la infusión social por excelencia. Representa la unión y el compartir, ayuda a socializar, alarga la charla o la promueve, acorta distancias, ayuda a intimar, distiende, informaliza.

Por estos días, la costumbre de beber unos buenos “verdes” está siendo amenazada por el coronavirus. Frente a la nueva pandemia la recomendación es no compartir la infusión. ¿Podremos contra el hábito en un país donde el mate es una costumbre, “así como rascarse”? Así lo grafica Lalo Mir y agrega: “el mate es exactamente lo contrario a la televisión, te hace conversar si estás con alguien o te hace pensar cuando estás sólo. La yerba es lo único que siempre está en todas las casas. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia (…) Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da. La yerba no se le niega a nadie”.

Pero, ¿de dónde viene esta costumbre tan nuestra?
El origen del mate se remonta a los nativos guaraníes, ellos utilizaban las hojas del árbol como bebida, objeto de culto y moneda de cambio con otros pueblos.
Durante las largas travesías por la selva, los conquistadores notaron que los guaraníes tenían mayor resistencia luego de tomar esta bebida sagrada.

Caá en lengua guaraní significa yerba, pero también significa planta y selva. Para el guaraní, el árbol de la yerba mate es el árbol por excelencia, un regalo de los Dioses.
Los conquistadores aprendieron de los guaraníes el uso y las virtudes de la yerba mate, e hicieron que su consumo se difundiera, desde su zona de origen a todo el Virreinato del Río de la Plata.

Los nativos guaraníes fueron quizás los primeros en tomar mate. Los españoles notaron que llevaban con sus armas, una pequeña bolsa de cuero con hojas trituradas y tostadas.
Mascaban estas hojas de yerba mate, o las ponían en una calabaza y tomaban la infusión usando los dientes como filtro o una caña ahuecada, que hoy conocemos como bombilla.
Más tarde los Jesuitas introdujeron el cultivo en las reducciones y la bebida fue conocida entonces como el “té de los Jesuitas”. Fueron los primeros en lograr hacer germinar las semillas de la yerba con un método secreto, que permitió cultivar yerba mate para abastecer las reducciones e inclusive comercializarla en otros lugares.
Los días domingos y los demás festivos, luego de asistir a la obligatoria misa y al rezo del Santo Rosario, los guaraníes disponían de tiempo para su esparcimiento: realizaban campeonatos de destreza en el tiro con el arco y las flechas, otros salían al campo a cazar. Y en esas ocasiones no faltaban el mate compartido, la música, el canto y la danza.

La costumbre del mate ha permanecido inalterada desde tiempos remotos y por cinco siglos de historia, arraigándose y extendiéndose a lugares lejanos.

Hoy no sólo emoticones tiene el mate. También tiene su día nacional. Si bien ya en 2013 el mate había sido declarado «infusión nacional» por el Congreso de la Nación, fue el 30 de noviembre de 2015 la primera vez que se celebró el Día Nacional del Mate. La fecha fue escogida para conmemorar el nacimiento de Andrés Guacurarí y Artigas, un caudillo guaraní que fue de los primeros líderes federales de las Provincias Unidas del Río de la Plata y el único gobernador indígena de la historia argentina.

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